F-1 2010: se regresa a Canadá…
Tras un año de ausencia, el Gilles Villeneuve regresa a la Fórmula 1…
Villeneuve regresa a la Fórmula 1. Al menos, el circuito. Tras un año de ausencia que los promotores han aprovechado para reasfaltar, la pista semiurbana de la isla de Notre Dame volverá a llenarse de velocidad y gasolina. Y lo hace en plena crisis interna de Red Bull. Los McLaren tratan de aprovecharse de la situación. Los muros del trazado Gilles Villeneuve pondrán a prueba a todos los participantes añadiendo un toque de peligro. Es hora de volver a flirtear con los muros.
Mark Webber y Sebastian Vettel han prometido que su choque en Turquía fue un caso aislado que no quieren repetir. Por si acaso, los McLaren estarán al acecho. En Turquía demostraron que son prácticamente los únicos que han alcanzado el ritmo de los todopoderosos Red Bull. Y Ferrari, esperar solucionar los problemas con el “todopoderoso” F10… pero ya veremos.
En 1964 se celebró la exposición universal de Canadá. Parte de dicha exposición se celebró sobre Notre-Dame, una isla artificial emergida por la tierra proveniente de las excavaciones del metro de 1965. Enclavada dentro del término municipal de Montreal, Notre-Dame quedó encajonada así entre el Río San Lorenzo y el canal de remo más grande de América del Norte. Allí, desde 1978, se celebra en Gran Premio de Canadá. En nombre del mítico Gilles, el trazado se rebautizó en su honor en 1982, cuando perdió la vida en el autódromo belga de Zolder. Este año, tras numerosas quejas y aprovechando la ausencia en el calendario de 2009, los promotores lo han reasfaltado.
El ambiente de la Isla de Notre-Dame es especial. A pesar del caos en sus accesos (agravado por ser una isla), los pilotos disfrutan del lugar como pocos. Una pista extraña con extrañas carreras. Y peligrosa, por supuesto: siempre que hay muros cerca, el riesgo acecha. Aquí no hay grandes escapatorias; no puede haberlas: el agua bordea toda la pista y no hay otra solución. Olivier Panis probó los muros en 1997 y se rompió las piernas. Otros tuvieron más suerte; es famoso el muro de entrada a meta, al que no nos referiremos como “el muro de los campeones”, pues resulta demasiado mediático, manido y falso: en él se han estrellado pilotos que no han ganado una sola carrera, y han podido esquivarlo otros que son campeones mundiales.
La pista canadiense es en síntesis una combinación de largas aceleraciones y fuertes frenadas. Todo un reto para motores y frenos. Las instalaciones están situadas en una isla repleta de zonas verdes y que tiene parte del trazado transitable el resto del año. Un circuito técnico, complicado y en el que los accidentes, los safety cars y las banderas amarillas suelen poner emoción a la carrera.
Junto a las largas rectas, en Montreal encontramos fuertes frenadas y giros muy técnicos. Las frenadas son de las más duras de todo el año, con seis frenadas superiores a los 250 km/h (cuatro de ellas por encima incluso de los 300), lo que castiga mucho los frenos de los monoplazas, que se desgastan muchísimo. Ante este panorama, la estabilidad y el agarre serán puntos clave, especialmente en la salida de las curvas. Los motores sufren un gran castigo gracias al tiempo que hay que ir a fondo de manera continua. En el cómputo global, el uso del motor al máximo no es excesivamente alto (se marcha a fondo el 60% del tiempo).
Los neumáticos que se llevan a Canadá son los super-blandos y medios, que no corren demasiado peligro ante la baja carga aerodinámica que tienen los coches allí, aunque pueden sufrir los de los pilotos que no los cuiden en las frenadas y piquen de manera brusca el pedal para detener los monoplazas en los pasos por curva.
Vuelta rápida
R. Barrichello – 1′13”622
(2004, Ferrari)
Record Pole
R. Schumacher – 1′12”275 (2004, Williams)
Pole 2008
L. Hamilton – 1′17”886 (McLaren)
Podio 2008
1. R. Kubica
2. N. Heidfeld
3. D. Coulthard
Longitud de la pista
4.361 km
Número de vueltas
70 (305.270 Km)
Número de curvas
12 (izquierda:5) (derecha:7)
Velocidad máxima
348 Km/h

















