Seat Ibiza Bocanegra Cupra

En los años 70, tener un coche en España era un lujo. Así que hablar de conducir un deportivo se convertía en casi un sueño. Un sueño que Seat, la marca nacional, intentaba acercar a sus clientes con modelos como el 1200 Sport, un coupé de marcado talante deportivo y al que bautizó como Bocanegra por su frontal en esa tonalidad oscuro. Un automóvil que marcó toda una época y al que Seat ha querido ahora homenajear recuperando la denominación para una versión muy especial de su popular Ibiza.

Para ello recurre a dos de sus propuestas más deportivas, la FR y la Cupra, para personalizarlas con una serie de piezas exclusiva para el Bocanegra. Así se combinan todas las cualidades dinámicas y prestaciones de estas variantes con un aspecto más personal y diferenciador. El resultado es un coche ideal para los amantes de la conducción deportiva, de las sensaciones fuertes al volante y también orgullosos de poseer un coche que hace honor a la tradición de una marca como Seat. Además, su producción estará limitada a un millar de unidades al año, lo que potencia aún más esa cierta exclusividad que lo define. Y todo ello, por un valor añadido al precio de cada versión correspondiente de sólo 860 euros.

La carrocería SC de tres puertas es una base ideal para desarrollar un automóvil de esta filosofía. Es bonita y agresiva, anticipa a la perfección que éste es un coche que se sale de lo normal, que va un paso más allá dentro de la gama Ibiza. El Bocanegra se vende en dos únicos colores, blanco y rojo, que se combinan con algunos toques del negro que da nombre a esta versión. Lo más destacable, como no podía ser de otro modo, es su frontal negro que abarca la zona central del paragolpes y la parrilla, pero tampoco faltan este guiño al lado ‘oscuro’ en otras zonas como las carcasas de los retrovisores exteriores o el marco de los faros.

Pero no es tan sólo la presencia de esas zonas oscurecidas las que diferencian al Bocanegra. También son muy atractivas sus llantas de aleación, en una medida de 17 pulgadas y un diseño de cinco radios, que Seat ha bautizado con el nombre de ‘Sira’. A través de sus huecos se dejan ver, casi se exhiben, unas preciosas pinzas de freno de color rojo firmadas por la prestigiosa marca AP-Racing, toda una referencia en el mundo de la competición. En la versión Cupra de pruebas, el conjunto rodante se completa con unos generosos neumáticos de medida 215/40.

Una de las señas de identidad de las versiones más deportivas del Ibiza se encuentra en los bajos de su zona posterior. Allí, una pieza de plástico simula los efectos de un difusor aerodinámico, tan utilizados en el mundo de los monoplazas. Justo en el centro de ella encontramos una generosa salida del escape, que refuerza aún más si cabe este aspecto de ‘carreras’ de la zaga del utilitario de Seat. En el caso del Bocanegra también se identifica por aparecer la denominación en el portón del maletero.

La calidad general de esta última generación del Ibiza se ha convertido en una de las referencias de su segmento. Es gratificante comprobar el magnífico nivel que se alcanza en un coche que podría ser considerado como un utilitario. El uso del plástico está muy extendido en su habitáculo, pero es de calidad y está bien rematado, con lo que el efecto se antoja muy convincente. En el caso del Bocanegra, la combinación cromática apuesta por el negro con detalles rojos, remarcando así la deportividad en zonas como los asientos (muy envolventes) o el volante. Además, como identificación de la versión se han grabado letras B, también de color rojo en el respaldo de los asientos, en el salpicadero y en el centro del volante. En cuanto al equipamiento, nada que objetar puesto que se corresponde con el de las variantes más altas (y caras) de la familia Ibiza.

Para motorizar una versión como el Bocanegra no valía cualquier cosa. Por eso en Seat se han decantado por sus opciones y prestaciones más potentes, tanto en gasolina como en diésel. La superior es la misma que monta el Cupra y es sorprendente el enorme partido que se le puede sacar a un propulsor de sólo 1,4 litros. Recurriendo a la turboalimentación de gasolina se alcanzan nada menos que los 180 CV, una cifra magnífica para mover un coche de las dimensiones y peso de un Ibiza. Por ello no es de extrañar que sus prestaciones sean propias de automóviles de segmento superior, con una velocidad punta de 225 km/h y una aceleración de 0 a 100 km/h en sólo 7,2 litros. Eso sí, si queremos disfrutar de todo su potencial debemos estar dispuestos a asumir consumos que, sin ser disparatados, tampoco serán bajos: conduciendo de forma deportiva no es nada complicado superar los ocho litros a los cien.

El Bocanegra Cupra encuentra una de sus grandes virtudes en el cambio automático DSG de siete velocidades. Quizá habrá a quien le parezca que un cambio de este tipo no es el más adecuado para disfrutar de la conducción, pero podrán pensar así hasta que lo prueben… Porque el DSG combina lo mejor de dos mundos. Por un lado, podremos disfrutar de toda la comodidad del automatismo en conducción urbana o en los atascos de la gran ciudad, para pasar inmediatamente después a la ‘acción’ manejándolo a nuestro antojo, bien con la palanca de cambios de forma secuencial (adelante y atrás) o con las levas del volante. Cuenta, además, con un programa Sport que permite estirar más las relaciones, mientras que su doble embrague facilita la transición de marcha a marcha sin que apenas nos percatemos de ello. Y las reducciones son una gozada: sólo debemos bajar las marchas que consideremos y el programa se encarga de acoplarlas en el momento justo y con la máxima efectividad. Vamos, que los únicos que podrán quejarse serán los que encuentren algún placer en pisar un pedal de embrague…

Ponerse al volante de un Cupra es hacerlo para disfrutar, no se puede entender su conducción de otro modo. Aunque eso no quiere decir, ni mucho menos, que sea un deportivo de talante radical. Muy al contrario, es bastante civilizado y equilibrado. Lo podemos usar normalmente si ningún problema, es una especie de lobo con piel de cordero que sacará a relucir su carácter a la más mínima insinuación con el pedal del acelerador. Las suspensiones son firmes pero sin llegar a la incomodidad de otros coches de su estilo, mientras que el sonido del motor llega en su justa medida al habitáculo, suficiente para recordarnos lo que llevamos entre manos pero sin que se convierta en un incordio. El chasis es noble y ágil, beneficiándose de todo el saber hacer de Seat en este tipo de automóviles, con lo que las curvas son su terreno natural. Y como remate, sus frenos AP con potencia más que suficiente para detener a un coche de su peso.

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